Cuento | Los esclavos


Por Jacques Sternberg (*)

En el comienzo, Dios creó al gato a su imagen y semejanza. Y, desde luego, pensó que eso estaba bien. Porque, de hecho, estaba bien. Salvo que el gato era holgazán y no deseaba hacer nada. Entonces, más adelante, después de algunos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con el objeto de servir al gato, de darle al gato un esclavo para siempre. Al gato, Dios le había dado la indolencia y la lucidez; al hombre, le dio la neurosis, la habilidad manual y el amor por el trabajo. El hombre se dedicó de lleno a eso. Durante siglos construyó toda una civilización basada en la inventiva, la producción y el consumo intenso. Una civilización que, en suma, escondía un único propósito secreto: darle al gato cobijo y bienestar.

Es decir que el hombre inventó millones de objetos inútiles, y por lo general absurdos, sólo para producir los contados objetos indispensables para la comodidad del gato: el radiador, el almohadón, el tazón para la leche, el tacho con aserrín, el tapiz, la alfombra, la cesta para dormir y puede que incluso la radio, porque a los gatos les gusta mucho la música.

Sin embargo, los hombres ignoran esto. Porque lo desean así. Porque creen ser los bendecidos, los privilegiados. Tan perfectas son las cosas en el mundo de los gatos.

***
Jacques Sternberg
(*) Jacques Sternberg
(Bélgica, 1923 - Francia, 2006)

Nació en el seno de una familia judía de origen ruso. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras la muerte de su padre en el campo nazi de Majdanekm se instaló en París e inició una muy prolífica carrera literaria que abarcó obras de teatro, guiones de cine, libros inclasificables, novelas y alrededor de mil quinientos cuentos que muchos consideran lo más jugoso de su producción. 

El cuento "Los esclavos" fue publicado en español como parte del libro Cuentos glaciales (La Compañía, 2010) traducido por Eduardo Berti.
🌼

Comentarios